Post muerte subita

Es cada vez más habitual encontrar en las noticias información sobre el fallecimiento de algún deportista durante la práctica de su actividad deportiva.

Paralelamente a la conciencia de llevar una vida sana y de practicar deporte, se da una sobreexposición a la práctica de estas en máximo esfuerzo, en forma de “running”, carreras populares, triatlones, carreras de montaña, pruebas ciclistas, etc…que “obligan” a un sobreesfuerzo que no es suficientemente valorado por sus practicantes.

Debemos situar en su lugar esas actividades y dar prioridad a una buena valoración de nuestras capacidades físicas, teniendo en cuenta que el 90% de las muertes súbitas, son producto de problemas en el corazón (según el hospital HM Modelo de A Coruña).

Así, desde el Departamento de Medicina deportiva del Centro Guna, queremos sumarnos a las voces, cada vez más numerosas, que advierten de la necesidad de realizar controles y reconocimientos previos a la personas que practican deporte, en función de sus objetivos.

En países como Italia existe desde 1971 una ley de protección médica para actividades deportivas, que obliga a sus deportistas a obtener un certificado de idoneidad previo a la competición. Actualmente, en países como Francia, Italia o suiza es obligatorio este certificado que debe incluir un test de esfuerzo.

Unas sencillas pruebas como un electrocardiograma y una prueba de esfuerzo van a permitir establecer un límite de seguridad más adecuado a nuestros propios niveles de esfuerzo.

La intensidad del ejercicio, la frecuencia con la que realicemos ese ejercicio intenso, las condiciones, el material deportivo, el lugar, nuestro estado de forma física previa, nuestros hábitos de vida y la presencia de alguna anomalía cardiovascular subyacente son todos ellos factores que pueden hacer que el ejercicio físico nos proteja o termine desencadenando una muerte súbita.

Ni siquiera el hecho de que un deportista haya alcanzado un nivel de élite garantiza que esté libre de alguna  patología coronaria u otras anomalías cardiovasculares y la literatura llena de ejemplos esta afirmación.

Es el médico, teniendo en cuenta el estado del aparato cardiovascular del deportista, las exigencias de cada especialidad deportiva, el nivel de dedicación y los posibles riesgos asociados, el que ayudará a  establecer unas recomendaciones sobre el nivel y tipo de deporte que cada uno puede o debe  realizar.

Una vez valorados todos estos aspectos, y si se trata de deporte recreacional, será el propio deportista quien tras ser objeto de esa evaluación adecuada y valorar las recomendaciones terapéuticas recibidas, así como el riesgo a asumir, el que  deberá decidir sobre la actitud que desea seguir. Además, en el caso de deportistas en edades tempranas esta responsabilidad está compartida por las familias, clubes y federaciones.

Otra variable importante, y que habitualmente es una de las que se ignoran, es modificar los objetivos (marcas personales…), dependiendo de las condiciones en que se realice la actividad, pues variables cómo temperatura, humedad, viento…pueden hacer totalmente inaccesible esos objetivos y generar situaciones de estrés físico que puedan desencadenar  riesgos para nuestra salud.

Hemos de recordar  que en todos los ámbitos de la vida, y por supuesto en la salud, poseer la información y los datos adecuados nos permiten tomar decisiones más acertadas.

Por favor, no dude en solicitar información para acercarse al mundo del deporte con las mayores garantías.

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