Durante tiempo, mi vida estuvo llena de sonrisas. Me sonreía mi familia, me sonreía mi trabajo, me sonreían incluso los desconocidos, todo iba bien. ¿Qué ocurrió entonces, qué pasó para perder la sonrisa? El peregrinaje por la tristeza ha sido el camino más difícil que he transitado.

Quién iba a decir que la persona de eterna sonrisa iba a negársela a todo el mundo. Quién podía pensar que la luz se apagara por una mala elección. Quién creía posible que el mundo se desmantelara por no El poder terapéutico sonrisa centro guna medir las consecuencias de mis actos.

El asumir que tenía un gran problema fue parte fundamental de comenzar a poner remedio a toda esa situación. ¿Cómo yo puedo ser ludópata?

Podemos encontrarnos con situaciones tan diferentes como personas existen, y cada uno de nosotros debemos saber que si necesitamos en algún momento ayuda, debemos solicitarla, y compartir con otras personas (familiares, profesionales, amigos…) una parte de nuestra mejoría.

Sin duda la ayuda más importante la recibí de mi mujer, que lejos de alejarse de mí, siguió siendo esa persona cercana, que aunque herida no dejó que mi mundo se viniese abajo del todo. Creo que nunca, aunque procuro poner toda la atención en ello, y aunque ella nada demanda, pueda devolver una pequeña parte de lo que ella me da. Ella me cedió su sonrisa para que yo quisiera y pudiera recomponer la mía.

Tampoco es desdeñable la colaboración de mi grupo de terapia con el que compartí tardes de vergüenza, dolor y esperanza. Confesiones íntimas de errores encadenados hasta llegar a lo más oscuro.
La parte más técnica de todo ese trabajo de reconstrucción la soportó mi psicóloga que me ayudó a etiquetar muchas de las cosas que no había sido capaz de situar yo solo.

Así, en este camino recuperé las ganas de sonreír, de poner en los demás el peso de mi sonrisa para nunca volver a olvidar qué es lo importante, para reconocerme en su reflejo de gesto amable, para recordar qué es lo que me ha hecho feliz toda la vida.

Ahora reparto sonrisas a todo el mundo, conocidos y extraños, y en este gesto refuerzo mi decisión de hacer de mi pequeño mundo un lugar amable. Farmacéuticos, panaderos, viajeros de tren, todos y cada uno de ellos responden con su sonrisa a la que yo les lanzo, y cada vez más me esperan sonriendo para encontrar la mía. También si no necesitamos esa ayuda, podemos darla, incluso sin saberlo, regalando un gesto que nada nos cuesta y tiene un valor incalculable.

¡¡¡Sonríe por favor!!!

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