Para muchos de nosotros la Navidad es una de las celebraciones más importantes del año, y está asentada en la unión familiar. Además, juntamos esta festividad con el fin del año, la llegada del nuevo y el día de Reyes; de esta manera, son muchos los días en los que nos rodeamos de nuestros seres queridos.

También son momentos de ausencias, y echamos de menos a los familiares que no están con nosotros. Unas veces les recordamos desde el cariño, la añoranza o memorias bonitas, por ejemplo, contando anécdotas de esa persona. Otras veces, la falta de estas personas, tan significativas para nosotros, nos hace estar tristes y no poder disfrutar de la celebración, sobre todo en caso de fallecimiento.

Generalmente, el primer año y los siguientes próximos al fallecimiento del familiar son los más duros. Algunas personas no tienen ilusión o ganas de celebrar las Navidades, se quedan en casa y no asisten a las comidas y cenas, o acuden pero no se sienten cómodos en tal situación.

Es muy importante saber que, ante todo, hay que respetar el duelo, y que es normal que se dé esta inapetencia. Igualmente, la tristeza por la ausencia de la persona se puede llevar en compañía de otros, como fuente de apoyo y escucha. Compartir la tristeza tiene más efectos positivos que quedarnos en soledad.

En caso de que esta inapetencia perdure tras los dos o tres años posteriores al fallecimiento del ser querido, es aconsejable obligarse a uno mismo a ir a estos eventos porque el ámbito social es uno de los pilares de nuestra vida. Si esta base no es resistente, podemos percibir la existencia desde un prisma todavía más negativo. Así pues, ante el rechazo a participar en actos sociales, convendría pedir ayuda.

Cuando hay niños de por medio somos responsables de sus celebraciones, no sólo de las nuestras. Es fundamental que los niños tengan compañía en los momentos tristes y duros, no sólo hay que enseñarlo con palabras, si no con el ejemplo. La tristeza es necesaria, si no pasamos por la pena por no tener al ser querido cerca, el duelo se complica y puede hacerse más difícil.

Partiendo de la base de que cada persona es distinta y cada cual tiene su ritmo de resolución del duelo, ofrecemos algunas pequeñas recomendaciones que pueden servir para pasar las comidas y cenas de Navidad de forma más amena:

  • Acudir a otra casa que no sea la propia, ya que ayuda a activarse y a no quedarse en un espacio que traiga tantos recuerdos tristes.
  • Acompañar a nuestros familiares y compartir el día con ellos.
  • Intentar hablar de otros temas durante la comida, para poder airear nuestros pensamientos.
  • Si no se estamos disfrutando, retirarnos cuando termine la comida, no quedarnos las horas posteriores
  • Prescindir del consumo de alcohol.

 

Arantxa ORBEGOZO AGUIRRE,  Nº Colegiada: 02594

Psicóloga Sanitaria de CENTRO GUNA

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