Informes recordando que la pirámide de población sigue cambiando, datos que nos informan de que el sistema de protección social no es sostenible, aumento de la esperanza de vida de manera muy importante, esta es la situación que se nos presenta como futuro, pero  ¿que estamos haciendo para que el último tramo de nuestra vida sea lo más razonable posible?

Así como en otras épocas, la institucionalización parecía la única solución a todos los problemas, y donde el asilo era donde los mayores veían pasar el resto de su vida, el cambio de la sociedad, y el asumir la modificación de esa realidad hacia instituciones más dirigidas a mantener capacidades y cuidar de la dignidad de las personas, hacen inviable ofertar plazas de solución residencial para todos.

El factor económico, también es una variable a observar, (en España solo un 35% de las residencias son de titularidad pública) y que condiciona mucho la elección de soluciones de atención para las personas mayores.

Por otro lado, una corriente más humanista con un  modelo de atención centrado en la persona, donde los propios usuarios incluyen variables como el deseo de vivir en su propio entorno, con las ayudas necesarias, hacen que programas de atención domiciliaria, centros de día, servicio de teleasistencia, etc… modifiquen o retrasen la decisión de la institucionalización como solución.

Cada vez más son estas soluciones intermedias las elegidas, ya que generan menor rechazo, y evitan el trauma de dejar su hogar y abandonar su entorno, de las personas receptoras de los servicios, pues es desde su marco de relación y confort desde donde se le proporciona la ayuda. Otra variable importante es que estos profesionales que trabajan en el domicilio tienen menos movilidad, que los que trabajan en institución, son siempre los mismos y se favorece el conocimiento mutuo.

Poco a poco se va pasando de familiares cuidadores, con más voluntad que conocimiento, a profesionales para llevar la atención en los propios domicilios, y esto hace de estos servicios, una herramienta que se está convirtiendo en fundamental para el bienestar de los usuarios.

Los dispositivos de capacitación de profesionales, que con cursos, a veces subvencionados por las organizaciones públicas ( Lanbide, Hobetuz ), y donde se abarcan todas las áreas de conocimiento que son necesarias para poder desarrollar programas de mantenimiento de capacidades físicas, psicosociales y del hogar, hacen que cada vez más estas personas estén preparadas para el “bien hacer”.

Así, cada vez más, todos esos profesionales abordan con más garantías el programa más adecuado a las necesidades de cada sujeto y se convierten en el verdadero sostén de las personas con necesidades especiales, aportando soluciones a los retos que se presentan en las personas usuarias de sus servicios y dando respuesta a sus desvelos.

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