Buenos días a tod@s.

Ya que el día 15 de este mes se dedica al lavado de manos, quiero aprovechar para realizar un alegato en favor de una práctica que evita una multitud de enfermedades.

Gran parte de la “culpa” del conocimiento de la importancia de la asepsia, es de un médico Húngaro, Ignác Fülöp Semmelweis  (1818-1865).

La observación le bastó para descubrir que las mujeres ingresadas que daban a luz tenían muchas más fiebres puerperales que las que alumbraban en sus casas. Lo vio y lo midió: una mortalidad del 30% en clínica y del 15% fuera de ella.

Semmelweis desarrolló la teoría de que aquellas mujeres que recibían más visitas de médicos y estudiantes —muchos de ellos recién salidos del quirófano de tratar a otros enfermos o de la sala de disección— enfermaban y morían más que las que sólo eran tratadas por parteras. Y se le ocurrió medir qué pasaba si sus compañeros se lavaban las manos al entrar en la sala. Una jofaina con agua y un jabón fueron suficientes: al obligar al personal a lavarse las manos, las infecciones se redujeron a menos del 10% de las ingresadas.

No recibió reconocimiento por su trabajo. La idea de que eran los propios médicos los que enfermaban a sus pacientes no cayó nada bien. Fue despedido y sus técnicas se descartaron, aunque no por demasiado tiempo. Otros cogieron el testigo de la importancia del lavado de manos para no propagar la que entonces definieron como “materia cadavérica” de unos pacientes otros.

Escribió un libro donde se recogen todas sus observaciones: “Etiología, concepto y profilaxis de la fiebre puerperal”

Tras trabajar en un hospital menor, pobre y desahuciado, acabó en un centro para enfermos psiquiátricos donde falleció. Solo tuvo que esperar a que otros dijeran lo mismo que él para que se le hiciera caso.

Sorprendentemente, enfermedades tan serias como la hepatitis A, la meningitis, las diarreas infecciosas… se pueden evitar con la adecuada higiene de las manos.

Tendemos a pensar que nuestro entorno de “sociedad avanzada” nos brinda refugio de algunas de estas enfermedades, de mayor incidencia en lugares remotos, y que esas enfermedades no tienen que ver con nosotros, pero existen.

Es cierto que gozamos de una ventaja respecto a otros lugares por el acceso al agua que tenemos, y  que lejos de estar generalizado en todo el mundo, es uno de los grandes problemas de la humanidad.

Poner cuidado de realizar un buen lavado de manos, que no nos ocupa más de 15 segundos, reduce muchísimo el riesgo de esas infecciones de graves consecuencias.

Aparentemente todos sabemos cuáles son los pasos para realizar una buena higiene de las manos, y los momentos en que la debemos realizar, pero en el día  a día perdemos la consciencia de la buena práctica.

Agua templada, jabón y frotar hasta las muñecas cada vez que vamos al baño, después de taparnos la boca al toser o estornudar, tras tocar a mascotas, antes y después de tocar alimentos crudos… son prácticas que todos debemos realizar y en las que debemos educar a los más pequeños para que lo establezcan como una rutina más en su cuidado diario.

Nosotros que trabajamos en el área de la medicina y la salud sabemos de la importancia de la asepsia previa a cada actuación con los pacientes y de la obligación de los protocolos de higiene posterior a cada actuación específica ya que las manos son la principal vía de transmisión de gérmenes durante la atención sanitaria.

Otra referencia que creo conveniente realizar es la existencia de productos con base de alcohol, que se pueden utilizar cuando las manos no están aparentemente sucias, para desinfectarlas. Es un método más rápido, más eficaz y mejor tolerado por las manos que lavarlas con agua y jabón. Nos  permite “lavarnos las manos “en cualquier momento y tantas veces como necesitemos sin necesidad de agua.

En los servicios sanitarios son de uso constante por la necesidad de realizar esa higiene de las manos de manera continua.

 

 

José Pedro HERBON BRESCIA, Nº de Colegiado 7823 Medicina Familiar y Comunitaria

 

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